Te daría un consejo de viejo, sólo si lo fuera; pero como no lo soy, sólo te doy un consejo.

No te guardes cosas, no vayas juntando situaciones, disgustos, malos entendidos, broncas. No vale la pena. Llorá cuando lo tengas que hacer, reí cuando debas reir y hablá cuando no puedas callar más. Y si no te animás, preguntate una y otra vez ¿Vale la pena estar mal? No finjas. No sirve de nada; los ojos para quienes saben mirar, hablan por sí solos. Porque esta presión en el pecho, ese sentimiento de vacío y de aire perdido, te lo cambio por un par de canciones y un cigarrillo.
Ya van dos veces que borro una puta oración porque cada frase que escribo me parece sin sentido. Y ¿a qué viene todo esto? No importa a qué, sino que vino y eso es suficiente. No importa cómo vino, sino que vino y eso es suficiente. No importa por qué vino, sino que vino y eso es más que suficiente. Tomo un vino mientras me doy cuenta que lo que tenía miedo de que viniera, termino por venir. Brindo con una botella de vino por lo que vino y que no tendría que haber venido. Brindo por Soledad, porque vino y porque logró echar a los que ella creía que estaban de más.
Y para aquel amigo que dijo que había sólo una cosa que no le gustaba de mi blog: lo triste que
reproducía mis textos, dejame decirte que es así cómo me siento, y es lo
único que me escucha sin emitir una palabra, ni reirse, ni interrumpirme.
Con todo el odio hacia este puto mundo
y a esta mierda que se hace llamar VIDA:
Bela, te escribe.
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