17 veranos, 17 otoños, 17 inviernos y 17 primaveras.
Cómo pasa el tiempo, cómo vuelan los años. Los días se esfuman cual arena entre los dedos.
Casi seis mil ciento ochenta y ocho días pasaron desde que escuché el primer sonido, desde que pegué el primer llanto, desde que abrí los ojos por primera vez. Qué placer.
Cada año, lleno de experiencias nuevas, de aprendizajes nuevos. Quizás no del modo en que a mí me gustaría aprender, pero sí del modo en que a mí me sirve: fuerte, seco y de golpe. Pero no me arrepiento de nada. Todo en algún momento me dio felicidad, todo me sacó una sonrisa y mientras me haya hecho sentir bien, vale la pena. Amigos que llegaron, personas que se fueron y hermanos que me fui haciendo en el camino. Recuerdos que me hacen ser quien soy. Todo eso, y muchísimo más, gané en diecisiete años. Orgullosa de haber superado cada obstáculo de mi vida, hoy, puedo estar. Orgullosa de poder empezar una nueva etapa de la mejor manera y con tanta gente que me ama y amo.
Qué paz interior, es increíble. Lo tengo todo, y no hablo de lo material precisamente. Lo tengo todo y agradezco por esto. Además, y lo más importante, mi cabeza pudo ponerse en orden. Crezco, maduro y empiezo a ver las cosas desde otra perspectiva.
Ponerse a pensar y darse cuenta que cada año, cada etapa, tiene lo suyo y que mientras lo explotes, la rompés. De verdad, si lo llevás al límite no va a haber quién te quiete lo bailado. Se viene un año lleno de cosas nuevas y no puedo esperar. Con un Ray Charles de fondo y mariposas en la panza al sólo imaginarme todo lo que me queda por vivir.
Que esto no se acabe jamás.
Vení, agarrate la copita de la mesa. No, no, esa no. La de al lado... Sí! Esa. Veni, vení, dale, brindá conmigo por lo que se viene. Brindemos... brindemos por todo lo que queremos para este año, brindemos por la vida. Por el hecho de estar vivo, por poder disfrutar de cada pequeñez, por cada simpleza. Brindemos... brindemos por la música que nos limpia y purifica el alma, brindemos por las flores que nos perfuman cada mañana, brindemos por la brisita que nos resfresca en verano. Brindemos por todo. Por esa sonrisa que nos cambia el humor, por esa lágrima que nos entristece hasta la médula, por esa mirada que nos pone los pelos de punta, por esa voz que nos paraliza el corazón; brindemos por el amor, porque de eso se trata esta edad, de eso se trata la vida: de amar y dejarse amar sin miedo a ser lastimado, sin temerle al fracaso, porque para intentar tenemos toda una vida. Salúd! Salúd, hemano, por la esperanza de que va a haber un mañana mejor, salúd por la fé de que las cosas pueden cambia, salúd por los amigos que están al pie del cañón. Salúd, amigo, porque todo lo que quieras se haga posible pero que se logre con esfuerzo, así cuando empieces a valorarlo, brindamos por eso.
17. A tan sólo uno de comenzar el verdadero camino hacia la madurez e inteligencia plena.
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