Sonrisas. Ojos verdes.
Miradas. Pelo castaño oscuro.
Caricias. Piel suavecita.
Me hace bien, me hace sentir mujer de nuevo. Me hace sentir respetada y querida. ¿Por qué no decir que me hace sentir linda? Mi autoestima no es algo de lo que esté muy agradecida y él ayuda a que me sea bastante más leve. Me quiere. Me acepta como soy. ¿Qué más puedo pedir? No salió corriendo a la primera de cambio y está dispuesto a no juzgarme por mi pasado y crear un presente. No me importa la edad, no me importa qué digan. Me hace bien. Me hace sonreír cuando mi día está con un nubarrón asquerosamente negro por encima. ¿Qué importa el resto? Me hace bien. Me hace carcajear.
No voy a mentir, me cuesta confiar. No es fácil volver a hacerlo. Ese miedo constante a que haga "puf" y desaparezca, a que sea una ilusión y él no se sea más que un chamuyo existencial andante que se divierte viéndome la cara de boluda enchotizada. Es que es tan difícil sentir que no estás yendo directo a la boca de otro lobo dispuesto a cerrarla justo cuando tenés medio cuerpo adentro, dejándote partida en dos y llevándose con él tu otra mitad. Pero él de a poco va alejando esa sensación.
Lo quiero. No puedo negarlo. No voy a ir rápido. Quiero hacer las cosas bien. Quiero que sea en serio... Quiero que dure. Quizás sea muy pronto para decir todas estas cosas, pero de verdad me hace bien, de verdad me trae de nuevo a la tierra.
Es tan su antítesis. Siempre tiene la palabra justa para sacarme una sonrisa no sé cómo, y no sé si no es que cualquier boludés que diga lo va a hacer, pero me la saca y eso está claro. Compartimos demasiadas cosas en común y al mismo tiempo somos muy diferentes y eso me atrae. Bastante. Me deja ser directa y frontal sin que tenga miedo a herirlo, y el que me deje ser como soy sin cagarme a insultos suma muchísimos puntos. Hay que admitirlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario