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miércoles, 23 de octubre de 2013

Lleguemos a un acuerdo.

Entrecerró los ojos, ella conocía sus trucos. Conocía sus gestos  y hasta su mirada ida cuando quería decir algo pero no lo hacía.
Ella lo quería, ella de verdad lo quería, pero tenía miedo, mucho miedo. Sentía como si aquello que tenía en la mano fuera una tacita de cristal, delicada, hermosamente delicada, y que ante el mínimo contacto brusco, incluso ante la más mínima palabra hiriente, estallaría ese objeto tan chiquito en miles de pedacitos. Eso no era lo que esperaba.
El simplemente era lo que era y se escondía tras un escudo tan mediocre como su esfuerzo por hacer de esa tacita, tan fácilmente rompible, algo un poco más duradero: ‘Soy así’. El iba por la vida sabiendo que en cualquier momento que su cuerpito lo quisiera, ella iba a flaquear con el mísero mensaje: ‘Te extraño’. Bastaban esas dos palabras para que ella, que estuvo días pensando que cada vez él la olvidaba más y más, emocionada, le respondiera que también lo hacía. Verlo desde afuera daba bronca, no quiero imaginarme lo que hubiera sido ser ella. Pobrecita.
Ella era Almendra, conocida en el barrio como ‘Aly’. Tenía 18 años y una vida a cuestas que daba más ganas de abrazarla cuando te la contaban. El era Esteban, o ‘Esti’ como lo decían los amigos. Tenía un par de años menos y quizás una vida un poco menos dura, pero no le vamos a quitar su dolor, cada uno carga con el peso que es capaz de cargar.
Aly simplemente quería, como tantas otras miles de mujeres de su edad, ser querida como se merecía y, por una vez, sentir un amor que no fuera doloroso. Hacía todo aquello que esperaba que Esti hiciera por ella, pero no había caso, él no iba a cambiar, no quería hacerlo. Eso era lo que más bronca no daba a todos. No estoy diciendo que él fuera mala persona, simplemente un poco egoísta. Si no la quería como para cambiar por ella, ¿por qué no le hacía las cosas más fáciles y la dejaba ser feliz con otro? Esteban sabía que mientras el apareciera, ella iba a seguir estando, ya que no podía más ser la fuerte y dura de siempre, ella simplemente se había rendido a la vida. ¿Por qué no dejaba su ego de querer a alguien para cuando estuviera aburrido? Nunca lo supimos y nunca vamos a saberlo tampoco.
Ella moría por saber de él, por sentir sus besos, sus abrazos, se desvivía por ese tacto tan suave. Para él era lo mismo verla o no. Sus labios, sus brazos no se diferenciaban mucho de los de cualquier mujer que conseguía el fin de semana. Ella lo sabía muy bien, ella era consciente de lo que para él valía, y esto es algo que me es muy difícil de digerir: le era más fácil mentirse, no pensar, que darse cuenta que era hora de mandarlo a volar. Pero es comprensible, no quería perder lo único que la traía de vuelta a la tierra aunque fuera una vez cada dos semanas, no quería que esa tacita volviera a romperse y costara casi un año repararla. Pobrecita, creía conocerlo, pero se sabía que él nunca había sido verdadero ¿por qué iba a serlo con ella?
No se cansaba de perder la dignidad y él no se cansaba de descuidarla. Mensajes no respondidos por parte de Esteban, besos de más por parte de Almendra, salidas canceladas, reorganización de tiempos para verse, ningún tipo de iniciativa para salir a algún lado, invitaciones a la casa de sobra, y cosas como estas todo el tiempo.
Nunca voy a entender cómo un hombre puede descuidar tanto a una mujer. Y más a una mujer que lo quiere tanto. Pero tampoco nunca voy a entender como una mujer puede rebajarse tanto por una migaja de pan que nunca le iba a ser dada. Es increíble lo que un ser humano puede hacer por amor. Es terrible lo que una persona puede hacer por egoísmo. El miedo te detiene, pero también es un gran motor, y en esta historia el miedo los hacía alejarse más. Los motores no iban de la mano; los motores se pegaban y empujaban cada vez con más afán.

Se querían de manera tan diferente que dolía verlos. Y si me pongo a pensar con un poco más de detenimiento podría llegar a decir que ambos sabían que esto no iba a llegar a ningún lado, pero también que a ninguno de los dos les gustaba la idea de la soledad. Ahora me pregunto ¿a caso no tendrían un acuerdo tácito?.

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