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lunes, 31 de octubre de 2011

kinda like this...


i cant keep you away of my mind, darling. 
i wanna be with you every-fucking-moment. 

jueves, 13 de octubre de 2011

Así como así.

And tears come streaming down you face 
when you lose something you can't replace
when you love someone but it goes to waste.


Te perdí. Así como así, te perdí. Una noche como cualquiera, un día de febrero como cualquiera y te perdí. Así como así. Eras mi hermano, eras mi mejor amigo. Eras mi otro yo. Me conocías mejor que yo misma; pero una noche como cualquiera, así como así, te perdí. Y no me arrepiento para nada de todo lo que te grité, y tampoco me arrepiento de haber escuchado todo lo que me gritaste porque gracias a esas palabras, tan duras y frías (acompañadas con esos ojos celestes también helados como el hielo), hoy soy quien soy y pude cambiar las cosas que no estaban bien en su momento. Sin embargo, hace una semana que mis lágrimas no dejan de caer por mi rostro cuando recuerdo que perdí algo que no voy a poder remplazar jamás, y que adoro a alguien pero que ese alguien tuvo que irse de mi vida. 
Intento encontrarte en otra persona, en otros ojos claros, en otras risas idiotas pero ninguna persona es como vos, ningún par de ojos claros son como los tuyos ni ninguna otra risa idiota es igual a la que recuerdo. Mi mejor amigo lo tuve en su momento y, así como así, se fue. Mi hermano , así como así, se perdió en medio de 300km. Desde aquella noche, no fui la misma. Una lucecita en mí se apagó. Uno puede soportar cuando un amor se va, hasta supera cuando un abuelo o una abuela se va porque es parte de la ley de la vida, pero cuando un amigo se va... no hay risa que cure ni lágrima tan salina como para sicatrizar. No alcanzan las horas del día para tratar de encontrarle el lado bueno al hecho; y es que cuando un amigo se va, se va con él una parte de tu vida: la que viviste a su lado, la que le contaste a su oído.
Nadie me da los abrazos en el momento justo como vos lo hacías, nadie me saca una sonrisa cuando lloro de la manera en que vos lo hacías, nadie me escucha y me dice "Pel, ya fue, vayamos a fumarnos un cigarro al patio. Traé el agua" cuando se da cuenta de que no necesito otra cosa más que me pongan un stop en seco. Y no miento, no lo voy a hacer... nadie fue ni es ni será como el amigo que vos fuiste. Los últimos días juntos, en tu casa, los guardo en mi cajita de recuerdos más personal que tengo: la memoria. No los cambio par nada. Yo no sé si leerás esto pero si lo hacés sé que te vas a acordar de lo mismo cuando escriba estas palabras: mate, lluvia, tortas fritas, un cuaderno, lapicera, guitarra, cigarros, la puerta de tu casa y dos banquitos.
Fuiste mi cablecito a tierra en aquellos tiempos, fuiste mi bastoncito, mi baranda cuando más lo necesité, fuiste mi mejor amigo. Fuiste y serás, por siempre, mi hermano
Pero ese hermano un día, así como así, se fue; así como así, lo perdí. Una noche como cualquiera, un día de febrero como cualquiera y lo perdí. Así como así.



Concientización.


Mientras vos le gritás a tu mujer, hay un hombre que está deseando hablerle al oído.
Mientras la humillás, ofendés, insultás y degradás, hay un hombre cortejándola, 
amándola, y recordándole lo maravillosa que es.
Mientras le pegás, hay un hombre deseando hacerle el amor.
Mientrasla hacés llorar, hay un hombre que le roba sonrisas.
NO a la violencia de género.

jueves, 6 de octubre de 2011

Linea ochenta y monedas.

Fue raro encontrarme en Av. la Plata y Rosario, caminando con mi MP3 y mi bolsito. Había llegado media hora antes (siempre tan puntual yo) y, como no sabía qué hacer hasta las cuatro, me puse a caminar por ahí; cuadras y cuadras. Paré en un kiosquito y me compre una Villa del Sur y una tableta de Beldent; mientras tanto, miraba a las parejitas que pasaban por ahí, las personas apuradas y con cara de tener una gran mochila en sus hombros. Caminé lento, disfrutando del sentir de la acera contra la suela de mis Convers y mirando detenidamente todo. Pasé dos cuadras, llegué a Rivadavía y Av. la Plata y en la mismísima esquina (que bendita sea) vi algo majestuoso: Starbucks. No dudé ni un momento en cruzar la avenida para encontrarme con esa vidriera tan hermosa y única; posé, detenidamente, mis ojos por cada una de las opciones aunque sólo una llamó totalmente mi atención: Frappuccino de Moca. ¡Qué manjar! ¡Qué delicia! Y yo sin poder tomarlo. 
Estuve a punto de entrar a la Iglesia de Av. la Plata y Rosario, pero no miento cuando digo que lo pensé dos veces. Iba a ser una falta de respeto para el resto. Hace más de cuatro años que no piso una Iglesia y no me daba ir sólo por estar aburrida; habría sido de hipócrita. Además, ¿qué iba a hacer ahí? ¿mirar las estatuitas? ¿rezar? Hace tanto que no rezo que hasta podría decir que me olvidé de cómo era el "Dios te salve". Triste y patético, lo sé. Al final decidí por seguir caminando y sentir la libertad de una tarde lejos de todo... de todos menos de mí, y no estuvo tan mal. Nada me podía faltar escuchando Eric Clapton y sintiendo la brisa del viento en mi cara. Era todo tan perfecto; un perfecto reencuentro conmigo misma después de tantos meses. 
Se hicieron las cuatro en punto y fui al encuentro con mi psicóloga familiar. Cuarenta y cinco minutos mostrándole a otra persona más cuán poco cuerda podría, una persona de dieciseis años, estar. ¡POR FIN! Miré el reloj y eran las cinco menos cuarto. Bajé por el asensor, la lincenciada me abrió la puerta y, de nuevo, sentí el aire fresco y su sabor a libertad.
Hora de volver. Hora de regresar a la realidad una vez más. Caminé dos cuadras más, hasta llegar a Agrelo y Av. la Plata. Busqué la parada del colectivo y esperé no mucho más de diez minutos. Ahí estaba, mi transporte a la vida real. Subí, ya que otra no me quedaba, y con Las pastillas del abuelo de fondo hice mi viaje de vuelta. Me senté en un asiento de uno y apoyé mi cara contra la ventanilla. Otra vez comencé a mirar a cada persona que caminaba por la vía pública: cada cara, cada gesto, cada movimiento. Observé todo. Quería verlo todo. Y mi mirada se cruzaba con la de los demás, y no me importaba qué pensaba el resto, yo sólo quería estar dentro de mí. Quería reencontrarme con mi "yo" interno; y lo logré. Otra hora de viaje con música de fondo, rogando porque no se quedara sin batería mi MP3 y dejándome llevar. 
Seis menos cuarto y finalmente llegué. Ahí estaba: Concordia y Pedro Lozano. De nuevo a casa, de nuevo a salir de mí, de nuevo a sumergirme en los mambos cotidianos. Y, quizás es de exagerada, pero juro haber visto un cartel que decía "Bienvenida a la realidad, darling"



Un miércoles, un colectivo, una linea, el ochenta y cuatro y una avenida;
 sólo eso bastó para poder ser completamente feliz por unas horitas.