Are you happy out there in this great wide world? Do you think about your sons? Do you miss your little girl? when you lay your head down, how do you sleep at night? Do you even wonder if we're alright?
Hoy, por primera vez después de varios años sin escucharla; sin poder escucharla, la puse en el reproductor de música de nuevo. Fue una sensación bastante extraña. Esa canción tiene una historia, tiene historias muy fuertes detrás. Un mar de recuerdos me ahogó y con el, comenzó a gotear el grifo en los ojos.
Con ella vienen en combo un par de cicatrices, un par de tajos y un pañuelo manchado de rojo rubie. Tan dolorosa resulta para mí, que con solo oírla me transporta a un pasado no muy lejano, me transporta a un mundo lleno de bronca, resentimiento, arrepentimiento. Vuelve para cuestionarme por qué lo hice, qué gané, qué pensé al hacerlo. Es que no pensé, no sé por qué lo hice y no gané nada. Lo peor es que lo sabía, tenía en mi mente las posibilidades que había si algo fallaba. Si mi intento no funcionaba.
La escucho y veo caer, en cámara lenta, las piezas de mi cuerpo como si todo lo que costó volverlas a unir no hubiera servido para nada. Y me siento vacía, rota, despedazada, al descubierto. Y tengo que empezar de cero. Pero hoy la escuché y nada de eso pasó. Quizás un poco de melancolía por lo que dejé atrás, por darme cuenta que la vida continuó. No tuve que volverme hacia mi muñeca para entender que sólo quedaron cicatrices y que las heridas ya están sanas, que pasó y que no es mi presente. No tuve que recurrir al pellizco para despertarme del sueño.
Voy comprendiendo que se crece, se madura, se cambia y que sea como sea, de la forma que sea, ese crecimiento, esa maduración, ese cambio se produce, quiera uno o no. Trate de frenarlo o no. Se acepte o no.
Las cosas se van dejando, los obstáculos se van superando y la vida sigue, sigue y no para.
"The scars run deep inside this tattooed body, there's things I will take to my grave".
¿Cómo darse cuenta que lo pasado fue real? Hay miles de maneras, pero la más cobarde y a la que yo recurrí fue dejando marcas por mi cuerpo. Quería que el dolor se fuera, quería hacerlo superficial para, patéticamente, poder sanarlo; lo cual no podía si seguía estando dentro mío. Momentáneamente lo lograba, me olvidaba de lo que me pasaba, me enfocaba en limpiar la sangre, limpiar el filo, en hacer al tajo dejar de sangrar y mágicamente todo pensamiento fuera de eso desaparecía. Pero después, cuando el dolor paraba, cuando la sangre ya no brotaba, los pensamientos volvían y yo recurría al mismo escape, ilusa de que era un círculo vicioso. Y me dormía, a causa de la baja presión y de tantas lágrimas derramadas; quedaba exhausta, dolorida. Tendida sobre la cama, con una muñeca tajada, con la cara manchada del delineador corrido y un mar de sentimientos, Bela se fugaba a un mundo perfecto, un mundo donde el dolor no existía.
Así pasaron los días durante un año. La misma rutina, el mismo ritual cada noche, cada semana, cada mes. No voy a mentir, era como el paraíso para mí. Pueden tomarme como demente, loca, enferma, no me importa. O acaso ¿a un drogadicto, un alcohólico lo denigran así? No, lo tratan como una persona con un problema que no puede manejar. Bueno, para mí, el cortarme era mi adicción, mi método de escape, mi problema que no podía controlar pero que no quería hacerlo tampoco. Se me daba bien, me gustaba ir a otro lugar de vez en cuando y tenía miedo; tenía miedo de no poder viajar nunca más, de no poder encontrar esa paz en ningún otro lado. La paz de poder dormir sin ninguna pesadilla, de poder no pensar por un rato. Era hermoso. No quería perder ese momento de euforia, de éxtasis. No comprendía que podía encontrarlo en otro lado, de otras formas. Era chica, y fue lo único que conocí (agradezco a mis abuelos por eso, por que sé que ellos hicieron su parte para que pudiera parar y no conocer otras maneras).
Y me acuerdo como si hubiera sido ayer: apagaba las luces, prendía una velita roja, agarraba a More, mi gillete (sí, le había puesto nombre; pero es otra historia); ponía Emotionless, Perfect, Welcome to my life, Untitled, y comenzaba la danza del filo y mi piel. A veces escribía una palabra, una frase; otras, simplemente tajaba. Todo dependía de lo que me hubiera pasado ese día. Después, agarraba mi pañuelo, me presionaba la herida para que parara sólo un poco de sangrar y así no manchar todo el piso; limpiaba a More, guardaba todo en un cuadernito que tenía escondido en el placar, apagaba la velita y, con la música todavía sonando hasta que se acabara la lista de reproducción, me quedaba dormida.
Fueron noches largas, son días borrosos, pero todo es parte de mí y eso cuesta aceptarlo, y eso produce miedo a no ser aceptada, a que te miren con ojos distantes. Esto es parte de mí y, lamentablemente, no puedo cambiarlo. Esto es parte de mí, tomame o dejame.
No hay comentarios:
Publicar un comentario