Hay noches que sueño que estoy mirando al lugar donde solías sentarte a mirar las carreras, los partidos, y estás ahí, tranquilito, con tu copa de vino. De pronto girás y me dedicás esa sonrisa tan tranquila, transmitente de amor y de paz. Tomás un poco más de ese Malbec rosado y volvés tu mirada a la tele. Y yo sigo paradita en mi lugar, paralizada, sedienta de un cálido abrazo sin prejuicios. Te hablo con una voz muda, grito y no sale sonido alguno de mí, pero no importa, porque vos me escuchás y me alzás, me sentás en tus piernas y me enseñás la hora: La aguja corta marca las horas; la larga, los minutos. Te pregunto para qué sirve ese palito que se mueve todo el tiempo y me decís que es el segundero, el que cuenta los segundo. Me enseñás que cuando la aguja larguita está en el tres son "y cuarto", que cuando está en el seis son "y media", que cuando está en el nueve son "menos cuarto" y que cuando está en el doce es "en punto". Te miro con mis ojitos brillosos y te abrazo. Huelo ese perfumito tan tuyo, tan especial. Me recuesto en tu pecho, suspiro y me dejo llevar a un mundo imaginario mientras me acaricias el pelo.
Esos momentos eran tan nuestros. Eran nuestra burbujita de escape de todos los problemas. Eras mi cajita de cristal, la cual se rompió cuando te fuiste, cuando me dejaste en este mundo tan cruel y tan materialista. A veces me pregunto el por qué, otras te lo reprocho, pero hay veces que me convenzo que fue un acto del destino y que ya era hora de aprender a superarlo todo yo sola.
Cuando estoy en casa de la abuela, miro hacia donde te sentabas y te imagino en tu lugar haciéndome chistes, hablándome, contándome anécdotas, enseñándome a dibujar o a agarrar la lapicera. Qué recuerdos. Te necesito. Volvé. Rescatame de este cuento de brujas más que de hadas. Te lo ruego. Convertí de mis pesadillas, sueños de nenes. El mundo es un desastre y necesito de mi burbuja; necesito de tus brazos. Abuelito, ¿cómo estás?, ¿dónde estás?. Sé que quizás lo que voy a pedir es muy fantasioso pero podrías aparecerte en mis sueños y darme un abrazo de esos fuertes, fuertes que me dabas, ¿no?. Mi vida no es lo mismo sin vos, ¿sabés?. No es tan fácil como cuando vos partiste y ahora es cuando más te necesito. Daría lo que sea por un mate con vos. Estoy haciendo lo mejor que puedo, en serio, mas se hacen tan difícil los años sin tus mimos.
Me duele porque no puedo recordar tu rostro con tanta fidelidad. Pasó tanto tiempo que ya no te siento cerca mío, cuidándome. ¿Te fuiste? ¿Me dejaste? ¿Dónde estás? Te extraño.
Y hay veces que me pregunto... ¿Cuándo te voy a volver a ver?
No hay comentarios:
Publicar un comentario