Pongo música en mi reproductor. Algo bien up para acompañar el momento. Dejo la ventana abierta con la persiana levantada para que entre todo el fresquito que pueda. Necesito sentir aire. Necesito respirar. Estiro los músculos de todas mis extremidades. Qué placer. Siento como cada célula de mi cuerpo vuelve a funcionar después de cinco días de dolor, mal humor y molestia. Si bien de vez en vez me paraba y me iba a buscar un vaso con agua, una nueva caja de pañuelos o me iba a bañar, no duraba más de veinte minutos en posición vertical. Todo lo que hacía era dormir, leer, escuchar música (que habrá sido dos veces como mucho) y mirar la tele en el sillón si ese día no estaba con un grito al cielo.
Me levanto de la cama, agarro ropa del placard y voy directo a la ducha. Abro la canilla del agua caliente y dejo que corra un rato hasta que está casi hirviendo. Me meto y me relajo como hace días que no hago. Me lavo el pelo como si no hubiera un mañana, con una cantidad de shampoo que dan ganas de golpearme porque es derroche puro. Me quedo un rato, disfrutando del agua caliente y sintiendo cómo mis músculos de a poco van logrando aflojarse. No había disfrutado de algo tan dulce desde hacía una semana, justo antes de la cirugía. Tenía tremendo miedo de sentirme como en Saw viendo cómo el bisturí se iba acercando a mi boca, no podía con esa idea y necesitaba urgente una manera para no pensar y bueno ¿qué mejor que un baño de inversión para no hacerlo? Así que así fue.
Me levanto de la cama, agarro ropa del placard y voy directo a la ducha. Abro la canilla del agua caliente y dejo que corra un rato hasta que está casi hirviendo. Me meto y me relajo como hace días que no hago. Me lavo el pelo como si no hubiera un mañana, con una cantidad de shampoo que dan ganas de golpearme porque es derroche puro. Me quedo un rato, disfrutando del agua caliente y sintiendo cómo mis músculos de a poco van logrando aflojarse. No había disfrutado de algo tan dulce desde hacía una semana, justo antes de la cirugía. Tenía tremendo miedo de sentirme como en Saw viendo cómo el bisturí se iba acercando a mi boca, no podía con esa idea y necesitaba urgente una manera para no pensar y bueno ¿qué mejor que un baño de inversión para no hacerlo? Así que así fue.
Me cambio, me seco el pelo, me paso crema en la cara (cómo extrañaba hacer eso; cosa que no podía porque era tocarme y ver las estrellas) y vuelvo al cuarto. Hago una mueca de desprecio al ver el desastre que había dejado después de tanto tiempo encerrada sin siquiera ver la luz del sol. Empiezo por la cama: cambio la sábana, le pongo perfumito, la hago, acomodo las almohadas. Sigo con la ropa: doblo y guardo la limpia, y tiro al cesto de la ropa sucia la que, obviamente, está sucia. Después le toca a mi mesa de luz. ¡Pobre de ella! Da pena. Llena de pañuelitos descartables gracias a mi resfrío, lleno de cajas de antibióticos, antiflamatorios y antialérgicos; no nos olvidemos del vaso de agua por la mitad. Tiro todo lo que puedo, lavo el vaso y ordeno los medicamentos en un intento de limitarlos todos a una cajita. Paso Blem y tiro de nuevo perfumito. Va mejorando. Me voy sintiendo mejor.
Cómo cambia mi humor un día entero sin dolor y el saber que puedo comer otra cosa que no sea helado. Era lo único que me alimentaba sin hacerme doler y calmándome un poco el ardor. Estaba harta así que ahora el saber que puedo agregar verduras a mi menú me saca una sonrisa, una de las mejores, chueca por la resaca de la hinchazón pero sonrisa al fin.
Me pongo los auriculares, me tiro en la cama y termino el libro que empecé a leer ayer. Tiro más perfumito y me inmerso en miles de letras, hojas y melodías que es mi vida.
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