Seguidores

miércoles, 5 de septiembre de 2012

"Sigo apostando por tí" - Cinna

Normalmente escucharía música, vería una serie, una película o simplemente estaría diciendo cosas sin sentido todo el tiempo con tal de no escuchar esa vocecita que no para de hablarme un segundo, que no puedo callar y a la cual yo, particularmente, llamo conciencia. Pero encontré una manera de descansar mientras me recupero, mientras las piezas de mi cuerpo se vuelven a soldar. Leo. No puedo parar. Me paso el día leyendo. Veo las horas pasar, las agujas del reloj marcando el tic tac y sigo, sigo, sigo.
Estoy tan rota por dentro que ante el mínimo movimiento corro el riesgo de desarmarme de nuevo. Me recetaron reposo absoluto y ¿qué mejor manera de pasar el tiempo que siguiendo las letras dibujadas en una hoja? ¿qué mejor manera para no pensar?
Mantengo mi cabeza ocupada, imaginando otros escenarios, imaginando otras personas totalmente diferentes a los que veo diariamente; me distraigo conociéndolas párrafo tras párrafo, tratando de comprenderlas renglón tras renglón. Es la única forma de no sentir tu perfume, de no imaginarme tu voz y de no estar pendiente de mi celular, esperando a que alguna vez vuelva a sonar con tu nombre en la pantalla.
Agarro un libro, me acuesto en la cama o caigo en el sillón y me dejo llevar. Comienzo un nuevo viaje. Uno lleno de nuevas texturas, experiencias, historias; nuevos interrogantes, personajes. Y por unas horas, como máximo por dos días, me convierto en el protagonista. Lo vivo a flor de piel: huelo sus olores, veo sus imágenes, siento sus emociones. Amo, odio, quiero, mato, a través de él/ella, rogando porque ese grupo de páginas nunca acabe, pero impaciente por saber cómo concluye el relato.
Es increíble a los lugares donde se puede llegar con un poco de imaginación, es increíble lo rápido que se puede curar con un libro. Pero es tan efímero el efecto como el de los somníferos. Cuando menos te das cuenta, termina y, con ello, el dolor vuelve. Desesperada busco otro en donde poder poner toda mi atención, toda mi concentración, sin perder el objetivo: olvidarte por un ratito, no registrarte.
¿No registrarlo? No, en realidad no es a él. Verdaderamente quiero perderme en ese otro mundo y no registrar a nada ni a nadie. Quiero volver a encontrar ese caparazón que tenía antes de manera natural, pero que ahora sólo encuentro por medio de textos. Lo necesito para aislarme, volver a encontrarme, dejar que las últimas heridas terminen de sanar de una vez por todas y dejarlas de tocar. Porque eso me hace leer: olvidarme que los tajos me pican y así no me rasque y no las haga volver a sangrar.
Perderme entre los gráficos negros, entre la belleza de vidas exóticas, entre los pensamientos de un escritor. No hay nada que me guste más (salvo la música). Abrirme a ese mundo de cultura, a ese mundo de sueños y deseos que quizás me identifiquen y aprender a cumplirlos.
Me pregunto todo el tiempo cosas que daba por sentadas, me cuestiono situaciones que pienso haberlas superado y entendido. Abro la cabeza a otras perspectivas, a otras posibilidades que creía imposibles. Me borro de mi vida para dibujarme en la de Katniss, Bella, Maya, Alice, Harry, Zezé, de Peeta, de Gale, Finnick, Evie, y tantos otros. 
Me olvido de todos, me curo, me sueldo, esperando que me ataquen otra vez para volverme a refugiar detrás de un escrito tan poco fríamente calculado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario