Un tango melancólico de fondo, unas lágrimas a punto de salir y esa bronca interior que me carcome de apoco. ¿Será la edad? ¿Será esos días? Y vuelvo a sentirme la segunda, y vuelvo a sentirme la oveja negra. Si digo algo, protesto; si pienso algo, está mal. Entonces... ¿qué decir? ¿qué pensar? Prefiero callar. Tragar esa bronca y descargarme acá. Sentirse imperfecta, sentirse nadie. Y vuelve esa pregunta ¿es la preferida?
Tantas cosas por decir y tanto miedo de hablar. No me lo van a tomar en serio. Esa angustia de pensar sus reacciones ante lo que sea que diga. No sólo no me van a creer, sino que me van a tildar de quejosa, de "protestona" y no van a escuchar. Ese es el tema: NO VAN A ESCUCHAR y yo ya no sé cómo decirlo, no sé cómo hacerlo notar. Y me ahogo, me ahogo con palabras que quieren salir y obligo a callar. Obligo a guardarse. Pero ahogan cual soga en el cuello de un suicida. Lágrimas que no dejo escapar y arden cual cloro en ojos de un nadador sin antiparras. Nueve cincuenta en historia, ocho en físico-química y sigo sintiendo que no es suficiente, que todavía me falta mucho más para ser perfecta, para ser vista, para ser oída, para ser.
El pecho se cierra, mi mente se bloquea y empiezo a prepararme para tener que disimular mi cara en la cena, disimular mi angustia, mi tristeza. ¿Será la edad? ¿Será esos días?
Y al lavar los platos pienso cómo hacer para ser pefecta; que no digo nada por miedo, por miedo a que no me escuchen, por miedo a frustrarme en un intento fallido, miedo a que no me crean. Y la observo, y trato de memorizar sus pasos, sus gestos. Quizás si me muevo más como ella, me pareceré más y tendré igual (o más) privilegio.
¿Sentirse menos? puede ser; ¿por primera vez? no. Y me voy a dejar enroscar por sus explicaciones, por sus delirios, como cada vez que algo de este estilo se hace presente. Y jamás me voy a sentir así, jamás me voy a sentir la número uno, jamás voy a dejar de sentirme la infeliz sombra de ella; la gordita, nerd, rebelde (en su casa) y número dos. Y aunque me digan miles de veces, y me traten de convencer de que esto no es así, voy a seguir sientiendo así.
Música al palo, auriculares y un par de ojos cerrados. Me dejo llevar por la melodía y no me trae más que el recordar de que ella es música y yo sólo un intento de ello. ¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Soy?. ¿Poco autoestima? Puede ser. Intento, intento, intento ser alguien, intento ser perfecta y cada día me cuesta más. Ya no me trago el "cada una es perfecta a su madera". Acá hay un sólo número uno y no soy yo precisamente. Acá hay preferencia y no es por mí precisamente. Y no es el "no saber compartir", es no sentirse alguien. Sentir que haga lo que haga, va a tener su lado oscuro; entonces ya no me dan ganas de hacer las cosas bien, si total... nunca van a estar perfectamente. Siempre dije que acá hay un ángel y un demonio. Adivinen quién es quién. Acá hay ¿envidia? ¿celos?, puede ser.
Todo es posible, aunque poco probable.
"Quereme así piantao, piantao, piantao. Trepate a esta ternura de locos que hay en mí, ponete esta peluca de alondras, ¡y volá! ¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!"