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martes, 28 de junio de 2011

(té)QUIERO (dejar de ver mis lágrimas caer)

Tecito, fiel compañero de mis lágrimas y de mis tristezas, nunca te separes de mí, nunca me dejes en los días más frío (aunque afuera esté haciendo varios grados de calor), en los días más tristes. Tecito, no sé que haría sin vos y tu consuelo constante, sin tu colchón de agua para mis lágrimas que se dejan caer por mi mejilla mientras van tratando de curar la herida de mi corazón que no quiere enteder que la vida continúa, que está cansado de sufrir y de ir perdiendo pedacito de él que se va llevando la gente a medida que van pasando los meses. Tecito, nunca me dejes sin tu abrigado humito que sale de mi taza para empañarme los vidrios de mis lentes, no me dejes sin tu calor que logra calentarme las manos cuando me duelen a causa del embrigador frío. Tecito, jamás te cambiaré por el café, que buen amigo mío es cuando no quiero dormir. Porque, tecito, como vos hay uno sólo, y nadie te va a reemplazar. Porque esas tardes juntos, bajo el solcito suave de los otoños e inviernos, no las va a borrar nadie. Porque esas películas que vimos juntos mientras procurabas, una vez más, calentarme con tu dulce calorcito que transpasaba la taza y lograba acobijarme junto al sillón, quedarán encerradas en mi mente hasta que logre por fin dejarlas en el pasado para poder incorporar nuevos recuerdos juntos que tengamos más adelante. Tecito, siempre serás mi tecito. Tecito, nunca dejes de abrazarme ni de darme tu calor, porque ni el cafecito matutino podría reemplazarte.


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