Y no me digas que no pensás como yo. Vení, bajoniemos juntos. Comprate el chocolate que yo pongo "P.S. I love you" y los pañuelitos descartables. Vení, compate y traete la almohada que yo pongo la cama y la frazada.
Domingo de frío, domingo de tecito de manzanilla y un pucho. Dominguicidio. No me digas que no pensás como yo: "El hombre de tu vida", un cafecito y un mimo mamero.
Quiero tantas cosas simples. Un abrazo de mamá, un pucho, un café batido por el abuelo y un celular que suene con una voz que me diga "Hasta mañana, mi amor". Quizás sean complicadas de conseguir.
Y seguís diciéndome que no pensás como yo... pero ¿sabés qué? no te creo. Yo sé que vos querés lo mismo que yo. ¿Quién no daría todo por esos pequeños detalles que nos hacen sacar una sonrisa?
Es lindo que de a poco me vuelvan a interesar las cosas que pensé que eran de pasado. Qué lindo es que vuelva a importarme las cosas simples y sencillas. Qué lindo es volver a empezar a ser yo.
*suspira y, casi, empieza a sentir el corazón*
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