Seguidores

martes, 15 de mayo de 2012

So long and goodnight

Una canción que sólo trae recuerdos. Un café y las hojas de latinoamérica al lado.
Recordando esas tardes cuando éramos los tres mosqueteros. Uno para todos y todos para uno.
Vos, él y yo. Vos, ella y yo. My Chemical Romance, Good Charlotte, Evanescence, 30 Seconds to Mars...
Una muñeca tajada y otra con cicatrices, un peluche de bolitas de plástico y ese abrazo que quedará en el tiempo.
Ahí estábamos, compartiendo un dolor, un amor, una amistad. ¿Y dónde están ahora? 
Hicimos nuestra vida, crecimos, tomamos diferentes caminos pero sabiendo que al final de éste nos vamos a volver a encontrar; porque, queramos o no, todos terminamos en el mismo lugar. Todos vamos para arriba en algún momento. 
Pero aprendimos algo del otro: levantarse y continuar. 
Y lo hicimos. Nos levantamos. Continuamos. Y acá estamos, más firmes que nunca. 
Los extraño pero no puedo ir contra la vida. Por algo fue.
Y cada canción me hace acordar a cada uno de los que pasaron en mi vida. 
Todos son como un filo. Vienen, te cortan y se van. Pero dejándote la cicatriz, la enseñanza: lo que no debés repetir.
Es como un desfile ante los ojos del recuerdo.
Vienen, te marcan, te enseñan y se van. 
La lista de aprendizaje y de personas que pasan cual ráfaga son de nunca acabar. Cada día, cada hora, cada instante, crecen y crecen.
Y los recuerdos no paran. Son como una catarata de pensamientos constante que no para de fluir. 


- Grito por dentro. Desesperada, pido que paren. "Basta, basta. No quiero más".
Se está volviendo todo oscuro. El fondo se convierte en algo liso, llano, negro. 
Mis muñecas y mis piernas. Las agarran, me absorben. Dejen de llegar. Necesito que se vayan. Las marcas. Me recuerdan las marcas, los tajos. No, no quiero recordarlos. Pero ellos insisten. Dicen que me sirven para no volver a caer. "Admitilo, dale, admitilo" me susurran. Pero yo no quiero. No quiero. 
Las lágrimas comienzan a caer. Atormentada busco de dónde aferrarme pero nada parece estable a mi alrededor. LA LUZ. Allá está. Con los ojos rojos y las piernas temblorosas empiezo a correr hacia ella. Se aleja. Me desespero. No lo quiero admitir. No lo voy admitir. Admitir ¿qué?. 
Se va, se aleja. "Volvé" le exijo. Más avanzo, más se aleja. Pego un grito enfurecido, no puede ser. Caigo de rodillas en esa gran nada negra. Llorando me pregunto dónde estoy, dónde estás, dónde está, dónde están
Mi firmeza sobre no decirlo comienza a debilitarse y las palabras se atoran en mi garganta empujando para salir todas al mismo tiempo.
Atolondrada comienzo a hablar. Balbuceando, tratando de sacar la última gota de dignidad y de fuerza que me queda. Es inútil y con la voz baja, suave y con vergüenza admito lo que jamás pensé admitir:
"Las marcas... Las marcas siguen acá en mi cuerpo y me atormentan. Mi pasado me persigue y no puedo escapar. No soy fuerte. No soy fuerte. NO SOY FUERTE. Estoy débil, siempre lo fui". Un llanto descontrolado sale de mi pecho. "No sé cómo hacer, no sé cómo hacer y me está jodiendo la vida" jadeante prosigo "Necesito ayuda".
Cierro los ojos y me dejo llevar. 
Los abro. Una fuerte puntada me atraviesa la mano. Estoy llena de cables. Comienzo a no entender qué está pasando.
Una débil voz me dice que ya está, que no tengo de qué preocuparme. 
Miro mi brazo. Hay una venda bajo el codo. Una lágrima comienza a caer... 
"No otra vez, no quiero más".
Más marcas, más recuerdos, más pasado; la historia no termina, continúa. 
Me pongo la máscara, me pinto una sonrisa, me paro bien firme y salgo a andar. Me dirijo hacia la puerta de salida y empiezo a caminar por la jungla gris llena de animales salvajes, agazapados, atentos ante cualquier movimiento en falso para atacar mi yugular y derribarme una vez más. -  Bela Gelormini.

No hay comentarios:

Publicar un comentario